Fraga:
un caricaturista
de los de acá
Andrés Monroy Pérez
Dentro
del medio periodístico y entre el público lector de Saltillo,
quién no conoce el andar de ese filósofo caballero que viste de
corbata y sombrero y acostumbra a dormir en las bancas de la Alameda; el curioso
intelectual que en su locura nos recuerda que no todos somos tan cuerdos como
pensamos, al igual que otros personajes de nuestra fantástica realidad,
como don Adrián Rodríguez, que aún después de muerto
merodea en la conciencia colectiva. ¿Quién no conoce, pues a Don
Ramirito?
Al Don Ramirito lo vimos nacer de repente, a diario lo escuchamos, su presencia
se nos hizo cotidiana y su personalidad se delineó de tal forma completa
que suponemos su existencia independiente. Y de su progenitor, el dibujante,
el artista, llegamos a pensar que su existencia como tal, depende en realidad
de Don Ramirito.
Conocer a Fraga, el creador de Don Ramirito, puede ser para muchos, decepcionante.
Uno se imaginaría encontrarse con un señor ya viejo o por lo menos
muy maduro; nos gustaría verle algún parecido físico con
Don Ramirito, ya sea en su pelo entrecano, sus ojos inmensos o su gran nariz…
o en su personalidad, eso quizá nos dejaría satisfechos, pero
resulta que no. Fraga, que por principio de cuentas se llama Francisco García
Aldape, es un joven de 22 años, estudiante de Ciencias de la Comunicación,
que usa anteojos, viste como cualquier joven de su edad y no gusta de platicar
demasiado.
Sin embargo, en la creatividad de Fraga parece condensarse una herencia cultural
extraordinaria, mezcla de la sabiduría popular saltillense y de los destellos
intelectuales de épocas pasadas. A diferencia de sus colegas contemporáneos,
Fraga ha logrado imprimir el sabor de lo más delicioso de nuestra provincia
en sus dibujos, sin que por ello pueda ser criticado de localista pues el humor
universal está presente en su trabajo.
Y no deja de llamar la atención el hecho de que con tan sólo,
tres años de actividad periodística, se encuentre hoy entre nuestros
caricaturistas más reconocidos. Por eso decidimos entrevistarlo.
Podemos
competir y ser mejores
PANORAMA: ¿Crees que el caricaturista de provincia puede competir con
el que dibuja en los medios nacionales?
FRAGA: Claro que si. Tiene calidad suficiente para competir. Lo que pasa es
que uno como caricaturista piensa que no se ha realizado hasta no publicar en
el D.F. , pero eso no es cierto. En mi caso, me he desarrollado no muy mal sin
salir de la provincia. Definitivamente, sí se puede competir y ser mejor.
PANORAMA: ¿Cuáles son a tu juicio las características,
si es que las hay, de los caricaturistas de provincia en nuestro país?
FRAGA: Pues el trabajo es un poco más local o regional. No sólo
se tratan temas nacionales o internacionales (que sí se manejan) sino
que se enfoca el trabajo en lo que acontece localmente. Se refleja la provincia
y pienso que eso es bueno.
PANORAMA: Desde tu punto de vista, ¿qué características
debe tener un buen caricaturista?
FRAGA: Una cultura general amplia, estar informado de todo, de las publicaciones.
Estar al día. Con esto, si es fértil en la idea y de pluma fácil,
ya la hizo. Sobre todo creo que lo más importante es estar al tanto porque
muchas veces sucede que cuando estás apenas entintando una caricatura
el tema ya pasó a la historia. Hay que tratar incluso de adelantarse
a los hechos, no perder la oportunidad.
PANORAMA: Podrías hablar de deficiencias en los caricaturistas de acá?
FRAGA: Pues cuando comenzamos a dibujar tratamos de copiar, aunque algunos entendidos
le llamen retroelimentarse, en realidad es plagiar… esto, claro, es muy
común en cualquier caricaturista que empieza. Otra es no leer, no informarse.
PANORAMA: ¿Piensas que la caricatura es un arte?
FRAGA: Sí. Porque saber captar la idea en el dibujo requiere de una pequeña
dosis de ingenio y de mucho esfuerzo. No cualquiera lo logra. Podríamos
hablar del arte del humorismo. Además yo pienso que la caricatura sirve
para dos cosas: para dar a conocer la opinión, el punto de vista del
caricaturista y para tratar de concientizar o educar un poco al público.
Es que con la caricatura estás informando, estás poniendo a pensar
a la gente. Algunas veces hay que halagar a las masas y otras, fustigarlas.
Nada
de embutes
PANORAMA: En tu carrera periodística te han tocado momentos críticos
en la vida política de Saltillo y el estado, ¿No has tenido problemas
con tus cartones políticos?
FRAGA: Hasta ahora no. Ninguna protesta o reclamación. Tampoco he caído
en embutes ni regalos oficiales. Yo sé que a veces se tiene que pensar
con la panza… es difícil… pero hasta ahorita no me he visto
en la necesidad.
PANORAMA: ¿Crees que son suficientes los caricaturistas que hay en Saltillo?
FRAGA: Pues yo he visto bastantes pero creo que hacen falta más, porque
ha veces he tenido que trabajar en otras publicaciones con un pseudónimo.
Además, siempre es conveniente que existan más caricaturistas,
para que haya más competencia. Eso te sirve mucho para superarte.
Aprovechar
los monitos para educar
PANORAMA: ¿Y qué proyectos piensas realizar?
FRAGA: Lo que quiero es publicar un libro de mis trabajos para darme a conocer
más. Después trabajar únicamente con Don Ramirito en algo
educativo y a lo mejor algún día retirarme del cartón político.
PANORAMA: ¡Ah caray! ¿Por qué?
FRAGA: Es que pienso que el cartón político es una actividad poco
caballerosa. Tienes que estar poniendo los errores de una persona… no
es malo, pero te puede causar problemas como a Rius, que lo boicoteó
el Gobierno o como a Palomo, que tuvo que salir de su país. Yo admiro
mucho el trabajo de Walt Disney, aunque imperialista y toda la cosa, pero a
adultos y niños entretiene y divierte con sus dibujos, más ahora
en que la gente no se atreve a leer páginas enteras de un libro, en que,
por ejemplo, los cómics de sensacional de esto y lo otro, venden millonesde
ejemplares a la semana. Creo que hay que aprovechar que la gente está
leyendo esas cosas, para educarla de una manera disfrazada y que de esta forma
posteriormente lleguen a interesarse por la lectura de los libros.
Fraga
y Don Ramirito
Hace todavía cuatro años, Fraga estudiaba el primer año
en la carrera de ingeniero metalúrgico en el Tecnológico de Saltillo,
en 1982 ilustró el libro titulado Reseñas históricas de
la siderurgia en México, del ingeniero Oscar Peart Pérez, su maestro
de la escuela y de la vida. En ese entonces colaboraba también en La
Hoja, órgano interno de su escuela. Meses después, animado por
sus maestros comenzó a trabajar en El Sol del Norte. El 10 de marzo de
1984 apareció su primer cartón que llevaba por titulo Monstruoso,
criticando al monstruo del urbanismo. Y de ahí se agarró para
publicar y publicar a diario, haciendose de un estilo propio y encontrando en
el periodismo su verdadera vocación.
No pasaron muchos meses para que abandonara la ingeniería en Metalurgia
a despecho de las esperanzas de sus padres. Se perdió un ingeniero metalúrgico
pero Saltillo ganó un excelente caricaturista y dibujante. De tres años
a la fecha ha ganado los siguientes premios: el primer lugar en la mascota de
la UA de C, el primer lugar en la mascota de los Saraperos. También cambió
de carrera, ahora en Ciencias de la Comunicación, y hoy comprende que
el dibujar no solamente era una distracción desde niño: quizá
era su destino. "No sé practicar ningún deporte, -dice- no
sé nada porque desde que me acuerdo me he dedicado a hacer monitos. He
llenado cuadernos y cuadernos desde niño con mis dibujos.
PANORAMA: Cómo nació Don Ramirito?
FRAGA: Primero se llamó Don Antónimo de Zafio y luego mi padrino
Pablo Valdés Hernández, me dio el nombre de Don Ramirito Valverde.
Las razones fueron las siguientes: el Don por ser respetable, el Ramirito en
diminutivo, porque se le tiene cariño y el Valverde, porque es un apellido
de aquellos famosos "tuvos": tuvo esto, tuvo aquello, y ahora no tiene
nada, posiblemente un intelectual muy culto, que quizá tuvo mucha lana
y la perdió por su desapego a las cosas materiales, ya sería cosa
de inventarle una historia. Llegar a crear este personaje me ha dado mucha satisfacción
porque pocos caricaturistas lo logran. A Don Ramirito yo lo siento como algo
separado de mí, como si fuera mi conciencia.
(Agosto de 1987. Panorama, la Revista de Controversia).