Señal
de amor
en blanco y negro
Ruth Marisol Rangel
Los
seres humanos, siendo tan complejos por naturaleza, estamos siempre en la búsqueda
constante de la felicidad y en muchas de las ocasiones, se nos va la vida tratando
de alcanzarla, sin darnos cuenta que la felicidad no se compra en las tiendas,
ni la asegura el dinero (aunque –eso sí- calma mucho los nervios),
ni los viajes, ni todas las posesiones materiales que soñamos; en efecto,
y aunque suene trillado, cuando obtienes una cosa ya deseas otra mejor, y es
un círculo vicioso en el que –pienso- todos, caemos alguna vez.
Programamos nuestra mente y la ponemos a trabajar para conquistar ese anhelo
y los medios de comunicación “ayudan” mucho: Todos los días
anuncian productos nuevos. Si compras un teléfono al siguiente día
o en la misma tarde ya existe uno más moderno, con más "funciones"
como dicen los conocedores. Queremos andar a la moda, estar "in".
Este tren de vida del año 2000 y del siglo XXI nos aleja del alimento
del alma y del espíritu. La paz interior es un verdadero tesoro que no
todos tenemos, sin embargo, hay señales inequívocas que nos rodean
e invitan a reflexionar sobre las pequeñas cosas, siendo éstas
a la larga, las mejores: El simple hecho de amanecer todos los días,
es un milagro de Dios.
Yo encontré hace varios años una señal de amor en el hecho
simple que pueda parecer leer el periódico por la mañana (para
mí es un verdadero ritual). Mi corazón de pollo, como suelo llamarlo,
se sintió plenamente identificado con un personaje que emergió
de un espacio tan diverso, donde habitaban recetas de cocina, crucigramas y
cartas de corazones solitarios, pues sí, se asomó don Ramirito
y con él su filosofía de vida, tan simple y a la vez, tan profunda.
Recuerdo una de sus frases, "Un día mi tristeza se convirtió
en pájaro... y voló" . ¿Cuántas veces no andamos
arrastrando la cobija y después salimos victoriosos? Y, sin duda, estoy
de acuerdo con él: La tristeza es un sentimiento que deberíamos
mandar a volar; podemos estar tristes un rato, pero luego sacar la casta y continuar.
Don Ramirito, un caballero de edad y menudo cuerpo, viste sus mejores galas
de antaño para salir en las tiras cómicas, aunque no desconoce
que sale en blanco y negro, pues uno de sus ideales es aparecer a todo color,
sobre todo para admirar el arcoiris y las tonalidades del atardecer.
Es un gran consejero, un excelente amigo (pregúntenle a Fedro), coquetón,
poeta, amante de la naturaleza, de la buena lectura, de la música, de
las películas, quisiera decir también que de la buena comida pero
es tan pobre... y a la vez tan rico, con su enorme sabiduría, su sapiencia,
su corazón tan grande, noble y desinteresado. Es que... tendrías
que conocerlo tan bien como yo... verlo de cerca, palpar sus estados de ánimo,
abrir la página para ver cómo te va a sorprender esta vez.
En este espacio quiero rendirle honores a don Ramirito, por sus lecciones, mas
no quiero pecar de ingrata con su creador, Fraga, cuya obra que data de 20 años,
lo engrandece porque ha sabido evolucionar en todos los aspectos y perfeccionar
a su personaje día con día, con ese don divino llevado en sus
manos, ejecutoras de trazos magistrales en el papel que, sin duda alguna, llevan
también la mano de Dios.
(Mayo 21 del 2004. Don Ramirito en su tinta).