El
mundo de la caricatura
Guadalupe Loredo Monreal
Antes
de leer la siguiente, respetable lector, nuestro entrevistado les manda este
mensaje: "Espero me sigan leyendo en este periódico, aún
después de la entrevista. Gracias". Medio en serio, medio en broma,
Fraga, el ahora ya conocido cartonista saltillense, nos dedicó parte
de su valioso tiempo, fuera de las labores diarias, para conocerlo mejor.
Bien, vaya para todos ustedes, y en exclusiva para este prestigiado medio de
comunicación lo que platicó. Muchos de sus admiradores lo querían
conocer, la verdad, también la que lo entrevistó tenía
curiosidad de dialogar, aunque fuera un poco, con el controvertido personaje,
autor del cartón de nuestra sección editorial y de la tira de
don Ramirito, también publicada en nuestra sección local, además
de los Cocolazos, tira cómica que aparece en nuestro periódico
hermano y vespertino "El Sol de Saltillo", y si la suerte nos es favorable,
todo depende, a lo mejor también ilustrará la sección cultural.
Aquí está Fraga, sentadillo, tomando café muy de mañana,
y es que él va según su horario biológico, allea en una
mesa de esas que pasan inadvertidas, ¡pero lo pescamos!
De Panchito, Paquito o Francisco, el apenas hace unos pocos años, adolescente
introvertido, ya no queda nada, nadita de nada; sin embargo, gracias a su sencillez
y al incansable espíritu de superación que desde pequeño
lo ha distinguido de los demás, hizo aparecer de nuevo la sonrisa y confianza
en su servidora.
Su ternura, valga la expresión, rompió el hielo, promero que nada,
el saludo: "siéntate, ¿quieres un café, ya desayunaste?,
¿te gustan los hot cakes con jamón?, mira lo que te traje, es
mi primer trabajo con computadora ¿Te gusta? Te lo regalo".
Detallista el muchacho (muy joven, de 23 años de edad), estudiante del
segundo año de Ciencias de la Comunicación en la UA de C, nos
desarmó: íbamos a "hacerlo garras" en la entrevista,
a hacerle preguntas bien gruesas, pero nos falló el tiro.
—Oye, Fraga, no te lo acepto (el dibujo) ¿qué tal si piensan
que es un "coco" o embute, como se le conoce en el medio, pero está
muy bonito, de todos modos, voy a escribir todo lo que sé de ti.
—Me gustan los retos fuertes, rompí el primero, que fue mi recalcitrante
timidez, ahora me considero en vías de dejar de ser rehén de tantos
escrúpulos. Fui muy tímido en mi adolescencia, lo cual valoro
porque me hizo enfrentarme a muchos desafíos, pero ahora me considero
de mente abierta, hago lo que quiero y dejo hacer a los demás lo que
les venga en gana, siempre y cuando no dañen a mi gente.
—Muy bien dicho, ¡sigue!
—Sinceramente, nunca se me ocurrió que dedicaría mi vida
a dibujar caricaturas y tiras cómicas. Todo empezó hace cuatro
años, cuando me dieron chance de publicar mi primer monito en El Sol
del Norte. "Mis primeras porquerías", como dice Ruis en su
libro homónimo. Empecé con los cartones editoriales en marzo de
1984 y con Don Ramirito en abril del mismo año. En ese entonces, el director
Adolfo Olmedo me pidió que elaborara una tira cómica con personajes
saltillenses, nació así Don Ramirito, un antónimo de Zafio,
y el joven que lo acompaña se llama Fedro, igual que uno de los discípulos
de Sócrates, el fiósofo griego que a través de los diálogos
de Platón he conocido. En la tira de El Sol de Saltillo, Cocolazos, donde
dibujo cocodrilos, tortugas y serpientes, es decir, reptiles, traté de
utilizar el zoomorfismo, además con animales feos, en lugar de patitos
o conejitos, y parece que están gustando, ya que son muy ocurrentes.
Creo que si nos sigue faltando el agua vamos a convertirnos en reptiles".
—Oye, Y los funcionarios en qué se parecen, o esos son intocables
en Sociales y Culturales?—. Aquí sí, los dos soltamos la
risa, ya mero nos corrían del selecto lugar.
—Bueno, los funcionarios son los cocodrilos; los líderes políticos
y sindicales, las serpientes; y el pueblo somos las tortuguillas. ¿Así
o le sigo?.
—Yo pensaba que significaban otra cosa, nunca pensé que fuera lo
que tú acabas de expresar, yo a las tortugas las veía, pero desde
hoy ya no, como a quienes actúan con lentitud, con mucha calma —sí,
así como la mía, lo reconozco— ¿estoy mal?
Dice: "No, estás bien, cada lector le da el significado que le parezca,
según lo interprete, por ejemplo, con esa apreciación que tienes
de las tortugas, pues les queda más ser los burócratas ¿no?".
Sobre la juventud actual de los chicos como él, opina: "Es bonita,
lástima que quieran imitar otros moldes, seguir una moda superflua y
no ser auténticos. Y lo que más me repatea el cerebelo es que
se burlen de los de más edad, por ejemplo llaman rucos a los apenas cuarentones,
como si el ser jóvenes fuera un gran mérito. Debes enorgullecerte
de tus logros, de tu esfuerzo, de tu trabajo, de partirte la madre por tu familia
y no por "estar" joven, ¿qué logro es ese? Afortunadamente,
nos lo recalca a cada ratito el maese Javier Villarreal: "La juventud es
un defecto que se quita con el tiempo". Es tan corta la vida…
—¿Y a quién admiras?
—A Quino, el autor de Mafalda, y de muchos cartones de humor social y
político. Me encantan Quezada, Rius, Naranjo, Calderón. Y de escritores,
Gabito, Juan José Arreola, Rulfo, Woody Allen… De pintores, me
fascinan Van Gogh, Picasso, Dalí… pero el que más me cautiva
es Cuevas.
Fraga cursó sus primeros grados en la Escuela Anexa a la Normal, del
primero al tercer año; terminó la primaria en la Rafael Ramírez,
donde el profesor de cuarto año lo llamaba con cariño: "mi
caballito de batalla". Sólo un día fue al kínder y
no quiso volver porque lo ponían a bailar, y él lo que quería
era aprender. La secundaria la cursó en la Técnica número
4, la preparatoria en el Tec de Saltillo (es un orgulloso Burro Pardo) y luego
dejó inconclusa la ingeniería metalúrgica al ser irremediablemente
absorbido por el olor a tinta del periódico recién salidito de
la rotativa. "Aquí fue donde la puerca torció el rabo. Me
encantaron las artes gráficas y el trabajo editorial, así que
me cambié a Ciencias de la Comunicación".
—Dibujo desde que me acuerdo. Mi mamá dibujaba mucho conmigo, siempre
me compraban cuadernos y cajas de colores sin límite, y eso que éramos
pobres. ¿Te cuento una anécdota?
—Viene de ai.
—Una vez, en primero de primaria, dibujé un "Hombre Araña"
que encantó a todos mis compañeritos, mismos que roderon embelesados
mi pupitre. Luego saqué mis colores Fantasy (eran mis favoritos, porque
cada uno era bicolor, el negro con el blanco, el rojo con el color carne, el
verde con el amarillo, en fin) y me dispuse a colorear a mi Spiderman: de gris
y verde. "¡¿Quéeeeee?", mis amigos pegaron el
grito. "¡Pero si el traje del Hombre Araña es rojo con azul!",
exclamaron. ¿Sabes por qué yo lo iluminaba de verde y gris? Porque
así lo veía en las caricaturas de la tele. Mi tele era de blanco
y negro.
El niño tierno es hijo de Francisco García y de Alejandra Aldape,
sus hermanos lo consideran como su segundo padre, es el mayor de la familia,
le siguen Carlos, de 19; Alejandra, de 17; Víctor Pablo, de 15; Óscar
Arturo, de 13; y Mario, el más peque de la casa, de apenas cuatro añitos.
Es ahijado de don Pablo Valdés Hernández, el célebre compositor
nigropetrense, autor de "Conozco a los dos" y de "Sentencia",
entre otras famosísimas canciones.
En cuanto al infaltable cuestionamiento sobre la mujer, dijo:
"Siento que la mujer debe luchar por ser independiente del hombre, ganarse
la vida ella misma y mandar al carajo al tipo si le sale machista. Ya bastante
he visto sufrir a mi madre y a mi hermana, y a mis amigas en general. Yo me
voy a casar con la mujer que sea capaz de mandarme al diablo si le hago una
mala jugada".
—¿Planes de matrimonio?
—Los tenía hace poquito, pero afortunadamente, mi ex me cortó.
Así que sigo solterito, echando los canes a la cuanta falda se cruce
por mi camino. Espero casarme no antes de cinco años.
Dejando a un lado a las eternas y controvertidas féminas, volvamos un
poco, ya para concluir, a la libertad de expresión que él tiene
en este diario, tal como lo dijo en una reciente plática con el Club
Rotario.
"Creo que existe más libertad de expresión en periódicos
y revistas que en los medios electrónicos de información, porque
hay de hecho una ley de radio y televisión que regula el contenido de
la información, como criticar a las instituciones oficiales, al ámbito
religioso, etcétera. En la prensa tal vez exista la autocensura. A mí
muy pocas veces me han rechazado un cartón.
—¿Y si te llaman de otro periódico?
—No dejaría de colaborar en éste, a menos que exista un
contrato de exclusividad de por medio con una buena oferta, tú sabes,
Sin embargo, tengo mucho qué agradecer a El Sol del Norte.
Fraga alterna esta profesión con la de estudiante y además prsta
sus servicios como diseñador gráfico en la UA de C, así
que desde muy temprano sale a luchar y a defender sus principios e ideales,
y si acaso emplea una hora para descansar al mediodía es mucho, ya que
a veces anda por aquí hasta muy entrada la noche dibujando sus caricaturas.
—¿A qué horas te diviertes o, como se dice vulgarmente,
a qué horas te portas mal?
—Soy una avecilla nocturna, que cruza pantanos y no se mancha. ¡Yo
quiero un pantano de ésos! Así que te invito a portarnos mal ¿cómo
ves?
—Vamos a cambiar el tema, no es que le saque ni que sea muy trabajadora,
pero sigamos con el tema de las caricaturas. Pero no te tengo miedo, que conste.
¿Vives de tus tiras y cartones? ¿Se puede vivir de dibujar caricaturas?
—Es posible, si te olvidas de ciertas cosillas…
—¡Ah, caray! ¿Como cuáles?
—Comer, vestir, comprar libros, etc., etc.
—¡Zas!
Así le dejamos, Fraga, no vaya a ser que nos corran a ti y a mí
por andarle haciendo al periodista.
(5 de abril de 1988 / El Sol del Norte)