Entre
el personaje
y el ser humano
Rosa Irene Alor
Filósofo, enamorado, huidizo, soñador y Quijote… Mientras
más conoce uno a don Ramirito menos lo entiende, sólo él
sabe a dónde irán a parar sus sentidos pesares o sus dolidas alegrías.
Don Ramirito llegó y sus actitudes y sus pensamientos revelaron de inmediato
que es una especie en extinción, un caballero de armadura resplandeciente…
sin armadura, que ha despertado la curiosidad de los lectores.
¿Cómo es en verdad don Ramirito, el eterno enamorado? ¿A
quién admira o a quién extraña? ¿Qué piensa
de la alegría y la tristeza? Estas son algunas de las preguntas que amable
y muy donramirianamente nos contestó este singular personaje creado por
la pluma de Fraga (Francisco García Aldape).
Para que el lector capte la agilidad mental de don Ramirito, transcribimos a
continuación las respuestas que dio antes de volver a sus estrellas y
dragones, calmas y tormentas y adanes y evas…—Como personaje que
piensa y siente, ¿cuál es su más grande debilidad?
—No poder dotar a la humanidad de un quimérico espejo, de esos
que reflejan el alma. Así que intento lograr algo parecido con las tiras.
A veces los personajes somos más humanos que los humanos.
—Don Ramirito, díganos qué historia se esconde tras esa
personalidad tan ambigua…
—Añoro el Edén. Con su Eva y su serpiente. Y sus manzanas.
—¿Cuál ha sido el momento más importante de su vida?
—Cuando era sólo una idea flotando en el ambiente. Cualquiera me
pudo haber pescado... Me plasmé en tinta y papel, pero, recuerdo aún
aquellos tiempos.
—¿Cuál ha sido su más grande logro?
—Pasar todo el tiempo inadvertido. A nadie se lo digas, pero es el secreto
de la verdadera felicidad.
—Don Ramirito, ¿cuál es su filosofía de la vida?
—Vivir tu cuadrito plenamente, al máximo, como si fuera el último
de tu tira.
—¿Y de la muerte?
—Un día pensé que la muerte había amanecido muerta,
pero no… sólo era catalepsia. Y ¿qué es la vida sin
la muerte? ¿Qué es la rosa sin espinas? ¿Qué es
el menudo sin la cruda?
—¿Como la alegría sin la tristeza?
—Alegría y tristeza son polos opuestos que convergen cuando ves
una flor, una mariposa… o un niño que sonríe. A mí
me da mucha alegría estar triste… y mucha tristeza quedarme sin
el periódico por las mañanas.
—Usted ha dicho que un día su tristeza se convirtió en pájaro…
y voló.
—Sí… Y al otro día, sin embargo, regresó…
con todo y nido.
—¿Por qué siempre está tan solo en el plano sentimental?
—Fraga es el de la obsesión, pero se agradece.
—¿Cuál ha sido el amor de su vida?
—Mmmmm… buena pregunta. El amor de mi vida es el amor. Estoy enamorado
del amor.
—¿Por qué?
—No lo sé. Aún no lo conozco.
—¿Piensa que el hecho de ser saltillense y de vivir en esta nostálgica
ciudad ha influido en su personalidad?
—No he probado lo contrario, no he probado no serlo. Y como dijo un adelantado
por ahí: "No es por presumir, pero…"
—¿A quién admira?
—A mi flor. Y a los lectores que me siguen empedernidamente.
—¿Tiene por allí algún hijo secreto?
—Si te lo digo deja de ser secreto… ¿o no?
—¿Qué cambio espera en la humanidad, cómo se imagina
el futuro?
—¿Cambios? Todo cambia. ¿El futuro? Lo imagino unas veces
como el cántaro de la lechera; y otras, como orquídeas sin pantanos.
—¿Qué dirá su epitafio?
—Aquí reposa uno al que siempre le hicieron la tira de cuadritos.
—¿Qué quiere hacer antes de morir?
—Hablar muy seriamente con Fraga.
(Enero de 1990).