El dulce tesoro
Lucía de León Garza

La caricatura nunca debe faltar en ningún diario, publicación o revista. Es importante en toda impresión de esta naturaleza, es el toque de hilaridad, de sabor, con que se revisten las noticias, los recados o mensajes.

Cada población tiene un ser que ha entregado su vida a este arte porque es un verdadero engranaje de creatividad donde se conjuga la figura, su donaire y la voz clara, urgente y precisa que llegue al lector y lo conmueva orillándolo a la risa o carcajada según el humor que el dibujante obsequió a su trabajo y fue debidamente interpretado.

Walt Disney es todo un personaje: su renombre abarca el ámbito de la universalidad. El creador de Mafalda, el ingenioso Quino, ha logrado hacer viajar a su linda y caprichosa personita también por el orbe imnenso. Y sin ir muy lejos, nuestro Saltillo se engalana con la creación que el talentoso FRAGA nos regala con Don Ramirito, enfundándolo en ropajes de gala y de deteriorados trapos, elegancia que resulta del filósofo por excelencia. Un personaje subyugante.

Don Ramirito nació de la diestra pluma de Francisco García Aldape, artista que le endosa el veraz conocimiento de la vida a su personaje.

Hay que leer con sabor los diálogos que Don Ramirito entabla diariamente con algunos fortuitos transeúntes que a su ver se detienen; sus monólogos poseen la sabiduría inaudita e innata que el humorismo de FRAGA sabe procesar con estilo.

Este distinguido personaje puede competir en elevada superior escala con otros muchos que se han leído porque Don Ramirito goza de un carisma propio, tan pleno, que cautiva al sólo contemplar su imagen.

Saltillo es tierra de grandes valores artísticos, hay que reconocerlo abiertamente, aunque muchas puertas se mantengan cerradas para no reconocer lo auténtico, lo nuestro.
Don Ramirito es el dulce tesoro emergido de las pequeñas manos de un gigantesco artista que se firma FRAGA.

(El Sol del Norte. Agosto de 1988).